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Entrevista a Marco Panatonic – Kinra, “una película que no encasilla a los pueblos originarios”

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15–23 minutos

[Realizada el 19 de agosto, Lima, El Pollo Pier, en el marco del Festival de Cine de Lima. Entrevistadora: Alejandra Bernedo – Mariale]

MARIALE: Quisiera que me comentes de tu cinefilia, porque es algo muy importante, creo yo, en los cineastas, más que hablar de qué aprendieron, qué técnicas conocen. Tu película inspira a mucha gente; ahora, de repente no era tu objetivo inspirar, pero al mismo tiempo es algo que sucede y nos pasa cuando vemos cine. Tú, como cinéfilo, y obviamente como director, ¿cuáles son tus películas, cineastas o cosas que más te gustan del cine?

MARCO: Yo creo que me gusta más la definición de ser cinéfilo, que la definición de ser director o cineasta. Porque no hay como una definición real también de cineasta o director. Pero por eso me gusta la palabra cinéfilo, que creo que es más cercana, que es el que mira películas o le gusta mirar, y en realidad, en realidad he visto de todo, o sea, veo de todo, trato de ver de todo, animes, dibujos animados, películas, ficción documental, experimental, novelas -claro, que todos hemos visto-, no tanto partidos de fútbol, por ejemplo, pero algunas veces, vídeos de YouTube, canales de youtube… Es parte de tu experiencia de ver también. Antes no había DVDs, no podía comprarlos, me los pirateaba, entonces eso me motivaba a ver. Para bien o para mal, en el cine, la gente que mira películas se dice “tienes que ver esto”, “tienes que ver lo otro”, tienes que pensar al inicio de la actividad “así voy a ver”, entonces, quería descubrir por qué era buena esa película, por qué decían que era buena. A veces me sorprendía, sí, pero a veces no. Cada persona había tenido su película favorita. Supongo que hay muchos chicos de clase media que les gusta Into the Wild, que les parece así como lo que dicen “me ha roto la cabeza”. Y yo decía “pero este huevón, salió de la ciudad así, no puede salir bien en el campo”. Entonces, claro, las películas tienen que ver un poco con la experiencia de vida y con tu entorno. 

Al inicio, yo creo que he visto, en un cine club que había en el Cusco, pasaban como cine clásico gringo, y cine europeo también, por ahí a veces cine latinoamericano. En esa misma etapa, que fue como desde el 2006 al 2009, también vi películas peruanas, Kharisiri, Jarjacha, documentales peruanos también. Miraba mucho El Placer de los Ojos.

«Me alegra mucho que es una película que, sobre todo a los actores o al equipo técnico, les gusta y se reconozcan».

Ya cuando terminé la universidad, que fue en el 2012, empecé a ir a algunos talleres de cine, entonces como los profesores decían “tiene que ver esto”, el espectro se ampliaba y empecé a saber de un cine independiente europeo, por ahí cine independiente gringo, pero ya más latitud, ¿no? No sé si en el 2015, no recuerdo en qué año, en el 2018, descubrí una serie que se llama The Story of Film. Vi esa serie y creo que no había leído un libro de historia del cine antes, pero cuando vi esa serie dije “qué chévere», me puso un panorama. Esa serie en particular habla un poco de cómo el lenguaje ha ido cambiando y cómo cineastas de otras latitudes, África, Asia, Latinoamérica incluso, han trabajado, han fomentado los cambios del lenguaje cinematográfico. Me gustó mucho porque es una serie muy explicativa, como creo que debería ser la historia. Claro. Entonces volví a ver muchas pelis de Alice Guy, los Lumière, Buster Keaton, Chaplin, pero ahí vi más cosas, cositas de nicho. Hay otras que no he visto, de todo eso, porque hay un montón de películas. Y ahora hay otra serie que se llama Woman Make Film, con directoras de, no sé, República Checa, y hay más… Hay algunas cosas que da flojera ver en tu compu, pero las pude ver en pantalla grande. Pude ver Margaritas.

MARIALE: A veces se piensa que experimentar el cine es racionalizarlo mucho, o cuando lo piensas como una cosa muy intelectual, algo como “yo voy a decidir cuáles son mis principales influencias y las voy a poner acá” cuando creas cine. Pero el hecho de sentir el cine va más allá de escoger cuál es el ejemplo que yo voy a seguir, porque cuando lo ves, lo sientes y se te queda adentro, lo vives. ¿Hay algún director, directora o película, algo que te haya gustado mucho y que hayas sentido así, quizás como tus favoritos?

MARCO: Ese es un tema de conversación entre los cineastas, pero a mí me parece como una reducción interior. Entonces, voy a hacer una medio lista. Por ahí hay cosas que he ido viendo y me acuerdo. Recuerdo de niño haber visto en Panamericana Televisión una película que se llama Chatrán. Y es de un gatito que se pierde, que su mamá se va. Pasa por un río. No sé, es de aventuras. Eso me impactó. Ahora la volví a descargar. La volví a ver. Para mí era el mismo gatito, pero habían sido, no sé, ocho gatos, dos actores de gato. La pasaron en Panamericana y yo dije “¡Wow!”. Me dio pena. Conecté.

MARIALE: Y tú hiciste un corto sobre un gato [Q’ellucha]. ¿Es porque te gustan los gatos? 

MARCO: Claro, es inconsciente. Es un poco inconsciente relacionado a lo que te gusta, y porque en mi familia siempre hemos tenido animales. Siempre había un gato, un perro. Entonces, esa vez ya no teníamos gatos y apareció un gato. Y tenía muchas crías y las empezamos a regalar a alguien. Y eso… no sé, fue orgánico. En Panamericana también pasaron una vez, bueno, varias veces, Los Goonies.

Poster de Q’ellucha (2017), cortometraje de Marco Panatonic.

MARIALE: Es un clásico también.

MARCO: Y yo no sabía que era un clásico.

MARIALE: Claro, tú lo viste porque estaba en la tele…

MARCO: Y era divertido. Las caras de los personajes eran diferentes. Un montón de cosas bien chéveres. Había un drama familiar ahí pequeño. Recuerdo mucho esa peli y me sorprendí. Creo que vi de la mitad para adelante, y después la vi completa muchas veces. Eso fue de niño. Pero cuando empecé a ir a ese cine club como a los 16, 17, vi Érase una vez en América, por ejemplo. La primera peli que vi en el cineclub recuerdo que fue Good Bye Lenin. Yo la vi cuando tenía como 17, algo así. Y otra que recuerdo es Ciudad de Dios

En el año 2007, ya había ingresado a la universidad, y se abrió un taller de cine. Hice ese taller y vi Tarkovsky, vi Cinema Paradiso… Vi 2046 y en esa época dije “puta, no entiendo, quiero saber por qué, quiero entender la película!”. En mi etapa universitaria fui cineclubista. Vi hartas cosas. Terminé proyectando películas de Alberto Fuguet. Me gusta mucho Se arrienda. Después de eso, terminé la universidad y empecé a ver otras cosas. Conocí películas de Agnès Varda, de Kiarostami. Recuerdo mucho Salaam Cinema, de Makhmalbaf.

MARIALE: Uy, no lo conozco… Me lo vas a tener que escribir para acordarme.

MARCO: Sí, es medio desconocido. Y entonces, cuando yo estaba en talleres de cine, vi más cine latinoamericano, Nacho Agüero, Miguel Hilari, cosas de Bolivia, de cine argentino. Cine asiático, cine filipino, cine africano. Y yo me seguía sorprendiendo.

MARIALE: Y del cine peruano, ¿qué es lo que más recuerdas?

MARCO: Cuando era niño en Cusco, recuerdo que vi en la calle El abigeo, de Flaviano [Quispe]. Escuchaba “casting tal día”, y en otro momento ya escuchaba “estreno de El abigeo”. Otra que vi en la calle es Max y Nike [nota de transcripción: se pronuncia como se lee, nike]. Creo que en un momento de mi vida de niño vimos La boca del lobo. Había un canal en Cusco que se llamaba CTC. Ellos pasaban pelis piratas. Por ahí pasaron alguna vez una película peruana con Aristóteles Picho, Reportaje a la muerte. Después, ya conscientemente, más grande, vi Paraíso. Y todo lo que ha venido luego, claro.

MARIALE: Hay mucha gente que ha reaccionado a Kinra de muchas maneras bien diferentes… Bueno, a Kinra [cambio de pronunciación], perdón, que a todos acá nos sale decirlo con erre, pero no me sorprende porque me equivoco muchas veces… Pero bueno, hay mucha gente que ha dicho luego de ver la película que es “wow, la nueva joya del cine peruano”. ¿Cómo te sientes con que digan eso? Uno crea su trabajo con cariño, y cuando recibe comentarios así, lo siente. ¿Cómo lo experimentas tú?

MARCO: Yo no lo sobredimensiono. Yo estoy contento con lo que he hecho, con que he podido hacer la película. Ahora, lo de las personas, no puedo controlar eso, pero no lo sobredimensiono. Controlo lo que he hecho de la película. ¿Sobre la película? Buena, pero no le llamaría obra maestra. Por ahí yo sí puedo ver algunos defectos que creo que están durante el proceso de la misma peli.

MARIALE: ¿Hay defectos que ves tú en tu película?

MARCO: Al principio el proyecto nació como lo más clásico, del viaje del héroe. ¿Por qué? Porque es un poco lo que te enseñan en los talleres, digamos. Yo he ido desaprendiendo un poco eso. Pero el guion, todo eso ha sido como más difícil, digamos. He intentado salir de eso un poquito, pero no sé si lo he logrado. Es una peli no más, pues, no le va a dar justicia. Pero me alegra mucho que es una película que, sobre todo a los actores o el equipo técnico, les gusta y se reconozcan. 

MARIALE: Has dicho algo que me parece de las cosas más valiosas que uno puede encontrar cuando alguien hace cine, y es que los mismos actores, las mismas personas que han trabajado en la película, se reconocen en la película. Por ejemplo, la gente de la película Pepe decía que no habían querido crear un personaje ‘tipo colombiano’ y que quisieron que los colombianos sean ellos mismos sus propios colombianos, para que se vean y se reconozcan. Por ejemplo, del otro lado, yo he visto películas con personajes peruanos y no me he sentido conectada con ellos. ¿Tú te has reconocido o sentido identificado así en alguna película que hayas visto?

«Nosotros también podríamos hacer una película de cine arte de 3 horas y obligarles a ver nuestras caras o nuestras espaldas».

MARCO: Las pelis en las que me he sentido identificado ha sido el último cine boliviano. El Corral y el viento, Viejo Calavera, sobre todo… o películas de Ousmane Sembène. En el Perú hay racismo, y a mí me hacía sentido ese cineasta porque él habla del racismo. Socialmente, África también ha sido colonizada, entonces era para mí algo muy cercano. Ver esas películas me ha hecho reconocer “ah, mira, hablan otros idiomas, nadie les está diciendo, oigan, no hagan su película en quechua”. Sembène no hace en inglés, o en Irán no hacen en inglés, en Asia no hacen en inglés. En esas pelis, sus problemas tienen que ver también con la historia de su país. En eso me reconozco. Y lo último ha sido Bolivia, que ha sido como decir “sí, eso es lo que me gusta hacer” porque es mi gente, es mi cara, son mis idiomas. 

MARIALE: ¿Y cómo surge la historia de Atoqcha? ¿Era una idea que habías pensado antes? ¿Cómo empieza a crearse el guión?

MARCO: En mi familia, mis abuelos siempre cuentan cosas de la familia. Había muchos recuerdos familiares que me parecían, no sé si interesantes, valiosos… Y uno de esos recuerdos era que mi abuelo había ido de Chumbivilcas a Arequipa a trabajar, y había terminado trabajando de cuidador de un hotel, de limpia camas, y le habían acusado de ladrón. Entonces mi abuelo dijo “para que me acusen de ladrón de venir a Arequipa, me voy a mi tierra”. Entonces regresó a mi tierra, unieron a mi abuelita con él, y ahí se pusieron a vivir. Esa decisión me parecía chévere porque, claro, suelen decir eso de “¿por qué se han regresado, si ya están a entrar a la ciudad?”. Me parecía chévere esa decisión, no sé si rebelde, o qué sé yo. Y así hay varias anécdotas de cómo a mi abuelo, el papá de mi abuelo le trataba a él, cómo lo maltrataban. Había la anécdota de que lo castigaba quemando ajíes y lo dejaba colgando. En la primera escena en el guion hay ajíes colgando con un niño tosiendo, pero era muy violento. Entonces se cambió a como ha quedado. Y así, había algunos recuerdos de mi familia que me parecían interesantes, como que mi mamá siempre dice que si te sueñas como mujer es porque la pachamama te está pidiendo algo.

Y me dije “ahora el problema sería, ¿cómo vuelve alguien?”. Así, con el tiempo se iba construyendo sobre esa idea. Después en cursos conocí a un amigo que había venido de Paucartambo y él era como Manco Cápac [película de Henry Vallejo], tímido, no te hablaba. Yo estaba trabajando en una fotocopiadora y veía como la señora de la fotocopiadora lo maltrataba, o bueno, no lo maltrataba pero sí se burlaba de él porque era un poco lento. Esa ingenuidad me gustaba. Entonces, el personaje era como muy Manco Cápac en ese momento. De ahí, vine a un taller y la señora decía “no, pues, aquel personaje es muy bueno, no hace nada malo”. Y ahí dije, ya, pero ¿cómo hago que sea malo? O sea, a veces no era una mala persona, pero el guion cambió un poco.

Muchas son cosas que yo he vivido o que he estado cerca, digamos. Por ejemplo, yo trabajaba en la fotocopiadora y tenía un amigo en la fotocopiadora. Yo me iba a su casa con mi mamá y había fiesta y ahí tomábamos, esas cosas. Pero su mamá, en su casa, tenía varios cuartos para alquilar y los alquilaba a los amigos de Maikol, que es mi amigo. Y él chambeaba de todo. Editaba videos, ese vínculo con la familia de mi amigo para mí era como “quiero filmar esto porque es chévere”. Nosotros habíamos migrado. Pero no es que uno migra y se olvida de su casa. Siempre vuelven para las fiestas. Nosotros mismos íbamos con mi abuelita cuando estaba viviendo allá en Navidad, en fiestas patrias, cuando había feriados. Todavía ahí hablaban “ay, sí, hay que vivir acá, ¿cuándo volveremos?”. Siempre hay como una añoranza, pero nunca vuelven. A mis tíos, a mi mamá, les gusta su tierra, pero no pueden volver. Entonces así se fueron añadiendo capas.

MARIALE: Por ejemplo, yo hubiera querido que mi abuela, cuando regresó a Huarmey, pudiera quedarse, pero la volvieron a mandar para la ciudad. Es como “tienes que ir, porque si no acá no te espera nada”. Pero también es bien graciosa la película, hay un montón de gente chacoteando. Y hay escenas en donde no necesariamente chacotean, como la del cuy para el ingeniero, que encima ya me imaginaba que no lo iba a apreciar y que iba a estar con una cara de “uy, me han dado un cuy entero, me comeré un pellejito”… Esas cosas son de un humor bien natural. Hay humor, como en la vida. ¿Alguna vez pensaste “va a ser gracioso el personaje” o solo lo dejabas ser?

MARCO: Había muchas cosas que, no sé, hablas con tus amigos, ¿no? Entonces, según yo he escrito como hablábamos, entonces decía, “ay, así nos dicen esto”, “así nos decimos esto”, “aquí están los expertos”. Había un amigo cuando trabajaba en las fotocopiadoras, que venía una señora y decía ella  “quiero hacer esto, quiero que me hagan tal cosa, ¿saben hacer así?”. “Sí, señorita, sí sabemos, y si no sabemos, lo aprendemos”. Había muchas ideas que yo había identificado como “ah, esto es gracioso porque siempre nos decimos eso”, y después ya cada uno ha ido poniendo sus cosas, como cuando pasan unas chicas bonitas y “no te va a dar bola”, “son blancas, y sabes que a ti ni te hablan”, “háblale, háblale”.

«No es que uno migra y se olvida de su casa. Siempre vuelven en feriados. Todavía ahí hablaban ‘ay, sí, hay que vivir acá, ¿cuándo volveremos?‘. Siempre hay como una añoranza, pero nunca vuelven».

MARIALE: Tú decías “el cine llamado por algunos cine regional”. Hay diferentes reacciones de parte de los mismos cineastas a lo de “cine regional”. Henry Vallejo alguna vez me dijo que a él le parecía ok, ni bien ni mal, o cine andino. Hay personas a las que no les gusta y hay personas a las que les convence. ¿Tú qué sientes sobre esa denominación? 

MARCO: Creo que es una definición que ha surgido en un momento para identificar que ese cine no era de Lima, básicamente. Como que había cine peruano y cine regional, cine peruano igual de Lima, cine regional el que no es de Lima. Claro, pero para mí trae mucho una carga clasista de diferenciar eso, ¿por qué habría que diferenciarlo? Porque en nuestro país obviamente hay quechuas, hay aymaras, hay un montón de otros idiomas y está el castellano. Lima siempre ha producido más películas, pero eso no significa que no se quisieran hacer películas fuera de Lima, solo que la tecnología no llega, la información no llega, etc. Eso crea una desventaja técnica, narrativa, etc. Felizmente hay esa tradición para nosotros también. Yo había visto pelis como El Huerfanito, todas estas pelis, incluso las que han venido después, como de Catacora, Wiñaypacha, todo eso. Pero sí, deriva de eso, deriva de cómo es nuestro contexto. Hay racismo y ahí le vas a poner una diferencia, siempre. Incluso hoy hay una diferencia entre los que viven en Miraflores, en San Isidro, en distritos céntricos y los coneros.

MARIALE: Tú ya has dicho tu mensaje respecto a lo que estamos viviendo en el contexto político, con un ministerio [de Cultura] que está en contra de todos, menos de Dina, pero está en contra de todas las poblaciones vulnerables. No están en contra de las empresas. Sabemos y ellos saben quiénes son sus enemigos. Entonces, ahorita, ¿qué nos puedes decir?

MARCO: Sé que por ahí nuestra generación, 30 años o así, no tiene una postura política. Entonces eso que permite que no, además de que no tienes postura, no tienes una opinión clara, tampoco tienes una acción política real. Y eso es lo que realmente pasa ahora. No tenemos una acción política, además de una postura, para querer hacer cambios políticos o defender cosas en los trabajos que tienen, en los ministerios. Hay una herencia colonial muy fuerte que es “le voy a hacer caso al jefe”… En quechua se dice llunku, que es el chupamedias. Eso pasa porque no hay una postura política y no hay una acción política desde nosotros, desde los más conscientes. Decimos “Dina asesina”. No hay una acción política porque solo estamos hablando. No sé si tiene que ver con militar en un partido. Históricamente en nuestro país es bien complejo para la izquierda asumir cosas porque la ha ido cagando demasiado. Pero eso, nos falta una acción política que nos permita sostener cambios, enfrentarse a cambios, pero claro, es muy difícil. Hay personas que son de derecha, que ni siquiera tienen una postura política, pero prefieren tener un trabajo estable y callarse.

MARIALE: ¿Y tú crees que el cine puede contribuir a que generemos algo, una voluntad de acción social, o no?

MARCO: Yo creo que no, que no cambia nada.

MARIALE: Yo siento que es difícil, porque a veces uno ve cine y queda como “qué lindo el cine”, “qué bonita la película”, pero después sales y se te fue.

MARCO: Sí, una película en sí no va a cambiar el mundo. No le va a dar justicia a los más de 50 asesinados. Lo que hace el cine para mí es impactar en el cerebro de las personas en mayor o menor medida. Una película se meterá en la psicología de la persona y esa persona cambiará un poquito, qué sé yo, impacta en eso. Debe haber una reflexión… pero la película en sí no. El cine o una película, no. Son las personas las que, a partir de ver una película, pueden tomar alguna acción.

MARIALE: La película no es la misma acción política, sino que las personas son las que van a hacer acción.

MARCO: Eso se lo he escuchado a un cineasta que se llama Alfonso Uchoa. Por eso en los laboratorios de cine, en los fondos, dicen “esa película va a impactar en…”, pero es un poco gaseoso eso. Nadie puede afirmar eso tan fácilmente. Al final del día, quienes van a poder ver esa película en ese caso también pueden modificar sus emociones y sus pensamientos. A mí me parece rara incluso la lectura de la película [Kinra]. Hay una culpa blanca de no ver personas quechuahablantes en el cine. Y dicen “¡por fin hay una película, y es buena!”. Pero también me interesaba no hacer una película que encasillara a los pueblos originarios indígenas. Y era “nosotros también podríamos hacer una película de cine arte de 3 horas y obligarles a ver nuestras caras con nuestras espaldas”. En ese sentido, también construyes eso, para pelear un poco en la mesa. Hacer peli o hacer arte es como imponer tu mirada en la mesa. ♦

Guadalupe Cuba Huamaní (@kinrawarmi) en la función especial de Kinra, en el Centro Cultural de la PUCP.


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