Trabajar, en nuestra sociedad, no es una opción sino una obligación. Aunque nos hemos habituado a ello, no deja de ser delirante el que solo podamos acceder a lo mínimo indispensable para sobrevivir (casa, alimento, salud) si de entregar nuestras energías y tiempo durante casi toda nuestra vida. Bong Joon-Ho es, como lo demuestra su filmografía, un cineasta claramente anticapitalista. No es sorpresa que Mickey 17 (2025) también tenga este enfoque. Mickey 17 es una comedia sci-fi muy distinta a la ganadora del Oscar, Parasite (2019). Mientras una juega con sutilidades visuales y de performance, esta nueva película -basada en el libro Mickey 7 de E. Ashton- recurre a la exageración a todo nivel.
Robert Pattinson interpreta a Mickey Barnes, un joven con problemas económicos que termina endeudado con unos prestamistas mafiosos cuando emprendía un negocio con su amigo Timo (Steven Yeun). Entre la desesperación y la desinformación, Mickey se une a una misión espacial de corte fascista que busca colonizar un planeta el que puedan perpetuar la especie humana solo con personas blancas. Mientras tripulantes como Kai (Anamaria Vartolomei) son consideradas valiosas por ser mujeres fértiles con el biotipo racial ideal para el supremacismo blanco, Mickey es un ‘prescindible’: las tareas que debe cumplir ponen en riesgo su vida para mantener a salvo las de otros más importantes. Si Mickey muere, una máquina impresora generará una réplica de él e introducirá los recuerdos del Mickey original para que el Mickey 2, o el 3, o el número de reimpresión que sea, sigan al servicio del sistema. Así, ni siquiera la muerte pondrá fin a la explotación de su cuerpo. La tan usada expresión «el trabajo dignifica» es con justicia cuestionada aquí una vez más, pues la dignidad es inherente al ser humano y no debería estar sujetada a alguna labor, más aún si notamos que la explotación es casi inescapable a los empleos asalariados de hoy.

Mientras Mickey vive junto a otros tripulantes en un espacio reducido de la nave y una alimentación que cubre solo las necesidades físicas mínimas, vemos en contraste la opulencia que rodea a Kenneth Marshall (Mark Ruffalo), el ególatra líder con gorra roja de esta misión espacial -un personaje que no existe en el libro, pero que fue introducido por Bong Joon-Ho en el filme, en una clara referencia a Donald Trump. Como crítica a la deshumanización, al caudillismo de derechas y a la colonización, es una película de interés y consciente de su tiempo. Los supremacismos dominan las políticas públicas con personajes tan ridículos como Elon Musk, Javier Milei o Rafael López Aliaga en el caso peruano.
Existen dos estilos dentro de la carrera de Bong Joon-Ho: el Bong coreano (el de The host o Parasite) y el Bong en inglés (de las películas Snowpiercer y Okja). El de Mickey 17 es este segundo Bong, uno que recalca de forma mucho más insistente y exagerada el concepto central de su historia. Suele recurrir al slapstick, el cual está bien ejecutado por todo el elenco de este filme, aunque parodiar políticos como Trump que, en sí mismos, parecen una penosa parodia, da como resultado una puesta en escena excesivamente estrafalaria. Pattinson logra una comedia física de estilo clásico, a lo Buster Keaton, para darle a cada Mickey una particularidad con la que la audiencia puede acercarse a sus emociones -a comparación del universo ficticio de la historia, en el que pocos ven a Mickey como individuo.

Mickey 17 deja absolutamente en claro su postura frente a la lucha de clases, aunque pierde el rumbo de esa crítica hacia la segunda mitad de la película. El arco narrativo romántico de Mickey que se convierte en una especie de doble triángulo amoroso, sumado la tensión por revelación de ciertas verdades sobre Timo, complican el desenlace del arco político, especialmente cuando descubren a los creepers, criaturas que habitan el planeta que intentan colonizar y que son mucho más hábiles de lo que su apariencia hace creer a los humanos. Cada suceso adicional es acompañado de diálogos aún más caricaturescos de Marshall y su esposa Ylfa (Toni Colette) quienes, como escribe Eileen Jones para Jacobin, se pueden sentir repetitivos y ya vistos en sketches políticos de SNL.
Es difícil ver Mickey 17 sin pensar Parasite por la forma en que esta última ha marcado al mundo cinéfilo y cinematográfico. Las audiencias en las que se piensa durante el proceso creativo de cada una de estas dos obras de Bong son notoriamente diferentes. Aunque es probable que esta nueva película no sea de las más memorables de Bong Joon-Ho, es una comedia que no busca evadir la realidad social y política en tiempos en los que muchos usan el arte para huir hacia el apoliticismo.

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